Los PGOU y la seguridad

AMAPLUS INGENIERÍA, S.L. Rafael Vidal 01.12.2014

 

 

El 29 de junio de 2009 dicté el último curso de planificación estratégica para administraciones públicas, instituciones y organizaciones empresariales, dentro del Master que sobre dirección de servicios de emergencias, organizaba anualmente la Universidad Camilo José Cela (anteriormente la Universidad Europea de Madrid) con la consultora BELT IBÉRICA, S.A.

 

Durante más de diez años se impartió el curso, asistiendo al mismo responsables políticos y técnicos de distintas administraciones autonómicas y municipales; empresarios; directores de seguridad; miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de las Policías Locales; miembros de los distintos servicios de emergencia, desde sanitarios, intervención, asistencia social, logísticos, etc.; y en los últimos años oficiales superiores (comandantes, tenientes coroneles y coroneles) de la Unidad Militar de Emergencia, pues bien aunque parezca paradójico, a todos, excepto a los del ámbito castrense, se sorprendían de la metodología empleada, dado que con la misma no se dejaba ningún cabo suelto, y cualquier plan estratégico de una administración, institución o empresa, conllevaba un estudio y análisis de todos los componentes que tiene un plan de esta naturaleza, principalmente la seguridad en su más amplio sentido.

 

El preámbulo es consecuencia de una noticia, publicada en el diario Sur de Málaga, que dice: “La Junta obliga a cambiar el PGOU por los riesgos de inundaciones en el Guadalhorce”.

 

Los planes generales de ordenación urbana son el elemento de planificación por excelencia de los municipios. De hecho en los ejercicios de fin de ciclo que hacíamos en el master, en lo relativo a planificación, se organizaban durante uno o dos días, distintos grupos con los concurrentes al curso, conformando cada grupo un equipo técnico municipal, que tenía que dictar las líneas maestras del PGOU, con objeto que nada se quedara en el tintero. La realidad es que el ejercicio, de ocho horas diarias, con descanso solo para comer (por supuesto se podía salir a fumar o a cualquier otra cosa), llegaba a ser apasionante para los concurrentes, afirmando casi todos ellos, que la metodología iban a implantarla en sus respectivos centros de trabajo.

 

Con satisfacción he visto que algunos de los planes estratégicos que he llegado a conocer con posterioridad, tenían componentes de aquel curso.

 

La seguridad en su más amplia expresión tiene mucho que decir en cualquier plan estratégico. Destinado en el Campo de Gibraltar durante varios años, he podido comprobar que la desecada Laguna de la Janda, cuando llovía en abundancia, cosa habitual en la zona, las aguas cortaban la Carretera Nacional 340, pudiéndose decir de otros tramos de esa carretera que bordea la costa y que hace de dique de todas las escorrentías, arroyos y riachuelos de la Penibética que todo el año van sin agua, hasta que llueve. ¿Cómo es posible que en un plan general de carreteras no se tuviera en cuenta esa cuestión que aún hoy se sufre con inundaciones en algunas zonas del Rincón de la Victoria?

Los planes de protección civil, los planes de seguridad ciudadana, los planes de seguridad vial y otros, tienen una gran incidencia en la planificación urbanística o en cualquier otro plan estratégico.

 

En Málaga, ciudad en donde resido desde mi pase a la situación de reserva por años de servicios en las Fuerzas Armadas, se ha creado una fundación, denominada “Ciedes” en la que están representadas todas las instituciones y administraciones con implicaciones en el territorio. Si entramos en su página web, nos encontramos con una profusa documentación y por supuesto los objetivos, pues bien no he visto plasmada de forma explícita la seguridad, debiéndose de haber definido como uno de sus objetivos fundamentales el de “Málaga ciudad segura”, porque sin seguridad no hay nada.

 

Una ciudad puede construir decenas de polígonos industriales, pero entre los atractivos para atraer empresas, tiene que estar el de seguridad y para hacerlo, tenemos que adaptar los planes de seguridad y de emergencia a la nueva realidad.

 

La normativa sobre Protección Civil se encuentra en revisión, data de 1985 y fue un hito importante, debiendo ser adaptada a estos tiempos muchos más avanzados tecnológicamente, pero los riesgos antiguos se mantienen, apareciendo nuevos riesgos. Pues bien la planificación estratégica debe tener en cuenta el territorio o espacio de planeamiento; los riesgos o amenazas; los medios con que se cuenta para paliarlos, definiendo a continuación una serie de líneas de acción, que cumpliendo todo lo anterior, lleguen al escenario final deseado (futurido). Las líneas de acción se confrontan y comparan entre sí y se les aplica el método DAFO, eligiéndose la que mejores resultados puede proporcionar, teniendo en cuenta los medios económicos disponibles y el tiempo en que queremos desarrollar el plan estratégico.

 

Con todo lo anterior, de forma sucesiva o simultánea, se va planificando el urbanismo, el tráfico, la industria, los centros docentes, los viales, el transporte, y un largo etcétera, pero hacer todo esto sin tener en cuenta el componente de seguridad es planificar con la “pata coja”.

 

A nivel mucho más bajo, se le encargó a la consultora Belt Ibérica, S.A., la asistencia técnica para la construcción del Museo Carmen Thyssen de Málaga. Creo que pocas instalaciones se han diseñado, trabajando conjuntamente y desde el primer momento el arquitecto de la propiedad, el arquitecto museográfico y el ingeniero/operativo de seguridad. A lo largo de más de veinte años dedicado a la seguridad, aparte de a mi profesión militar, he podido comprobar que se encargaba a un arquitecto que diseñara una instalación, dentro de ella se integraban técnicos de instalaciones contra incendios y de instalaciones de seguridad, y luego, cuando ya estaba todo terminado, se pedía a una consultora que le hiciera los planes de Autoprotección y Seguridad, asombrándonos de que todo se había construido sin tener en cuenta riesgos y amenazas o al menos no de una forma exhaustiva y de esta forma, al mismo tiempo de elaborar los consultores los planes anteriores, teníamos que plantear unos “planes de mejoras”, totalmente absurdos en una instalación recién terminada. Todo ello debido a la ausencia de la seguridad en todas sus facetas.

 

Los “veteranos” de la seguridad, tenemos una función importante: “la responsabilidad social de advertir”, porque la “experiencia” sirve de mucho. Tal vez nos falte la adecuación a la nuevas tecnologías, pero ¡ojo!, ésta deben adaptarse a las necesidades operativas y de seguridad y no a la inversa. Si esta columna envía un mensaje positivo a la sociedad, habremos cumplido con nuestro compromiso como “veterano”.

 

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